Este tumor se origina en el cérvix y, en más del 99% de los casos, está asociado a la infección persistente por virus del papiloma humano (VPH) de alto riesgo. El sistema inmunitario elimina la mayoría de las infecciones, pero cuando el virus persiste puede provocar cambios celulares que progresan a lesiones precancerosas y, sin tratamiento, a cáncer invasivo.
Por eso la prevención con vacuna contra el VPH desde los 9 años y las pruebas periódicas de Papanicolaou o test de VPH son esenciales. También se vigilan factores como tabaquismo, inmunosupresión o múltiples parejas sexuales.
El tratamiento depende del estadio (extensión del tumor). En etapas tempranas, la cirugía suele ser curativa: histerectomía radical (vía laparoscópica, abierta o vaginal), traquelectomía radical para preservar fertilidad, y biopsia de ganglio centinela para evaluar diseminación. En casos avanzados se recurre a cirugías ultra-radicales como exenteración pélvica y se complementa con radioterapia, quimioterapia o inmunoterapia.
El cáncer cervical es uno de los más prevenibles. Con vacunación, pruebas de detección y consultas ginecológicas regulares podemos identificar lesiones cuando aún son tratables con procedimientos mínimamente invasivos y tasas de curación superiores al 90%. Ante síntomas como sangrado postcoital, flujo inusual o dolor pélvico, agenda una valoración inmediata.
En etapas avanzadas combinamos radioterapia, quimioterapia e inmunoterapia. En algunos casos se requiere cirugía ultra-radical (exenteración pélvica) con reconstrucción. Todo el plan se diseña con un equipo oncológico para ofrecerte la mejor calidad de vida posible.
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